Entrevista a José Eizaguirre

¿Quién eres?

Soy un ciudadano inquieto por un mundo mejor posible para todos, un mundo donde quepan todos los mundos y sobre todo, inquieto por las repercusiones que tiene nuestro estilo de vida en otras personas y en nuestro planeta. Desde que descubrí que mi forma de vida estaba causando sufrimiento a otros me inquieta mucho buscar formas de vida respetuosa con todos. Formas de vida sostenibles, solidarias, saludables y espirituales.

¿Dónde trabajas?

Trabajar, con un sueldo remunerado, con las religiosas teresianas, donde ayudo en temas de administración y contabilidad. Pero ahí estoy a media jornada. Y la otra media no estoy ocioso, estoy leyendo, escribiendo, animando grupos, dando talleres… Siempre en la línea de divulgar formas de vida que no hagan daño a nadie. El trabajo no remunerado, que también es trabajo, lo considero una misión personal.

Una de las reflexiones que hemos hecho en economía noviolenta es que considerar trabajo solo al remunerado es una perversión.

Pues sí. Hay trabajos, sobre todo los que tienen que ver con los cuidados de personas, como el de las madres, que no están remunerados y que también son trabajos. Y trabajos necesarios y muy beneficiosos para la sociedad y las personas. Y hay trabajos remunerados que son perjudiciales, dañinos para la sociedad. Por ejemplo, todo el trabajo que está detrás de la fabricación de armamento de guerra, de la cultura basura -tele basura, publicidad engañosa…-, produccion de sustancias que generan dependencias y relaciones insanas con el propio cuerpo… todos esos trabajos, que están remunerados, habría que suprimirlos.

¿Cómo promueves tus ideas?

Pues de todas las maneras posibles. Primero contándolas a todas las personas que estén interesadas en escucharlas. Por ejemplo a vosotros. Sin llevar un altavoz delante de la boca, sin considerarme mejor que nadie, dialogando mucho con otros, pero aprovechando las oportunidades que surgen y contándolas. También dando charlas y animando talleres que me piden en los que se habla de estas cosas. Y si yo no puedo ir, se lo digo a otras personas que están en lo mismo para que vayan ellas. Escribiendo en revistas y, de vez en cuando, algún libro. Aprovechando las técnicas de divulgación. Todo lo que sea divulgación; ahí estoy.

¿Dentro de que marco político/ ideológico/filosófico estás?

¡Uf!…

Si yo fundara un partido político, cosa que no voy a hacer, lo llamaría “Partido por el Bien Común”. Me parece que esa es la clave. Cualquier ideología política tiene que estar al servicio del bien común. Y cuando digo común es, si no de todos, por lo menos de la gran mayoría, cuantos más, mejor. Hoy tenemos un sistema económico y político que beneficia a una minoría y perjudica a la mayoría. Eso no es bien común. Este es el marco ideológico en el que me muevo, que me mueve.

Existe una teoría llamada «Economía del bien común», propuesta por Christian Felber, que también habla de esto, que las actividades económicas deben ir dirigidas al bien común, satisfacer las necesidades de la mayoría. Básicamente consiste en medir, mediante unos cuantos parámetros, cuánto contribuye una empresa, una organización o una administración pública al bien común. Esa información sirve, por ejemplo, para proponerse objetivos de mejora y comparar de un año a otro, o para comparar a entidades similares. Y podría servir también como criterio fiscal. Es decir, mediante el marco regulatorio, aumentar los impuestos a las empresas y actividades que más perjudican al bien común y rebajar los impuestos a las que más contribuyen al bien común. Esto abarataría los productos en la medida en que contribuyen al bien común y los encarecería en la medida en que no contribuyen. La idea es muy buena. Yo la llamo la «economía del sentido común». Y podría llevarse a cabo si hubiera voluntad política.

¿Cómo explicarías tu planteamiento de economía?

La economía tiene muchos niveles. El nivel personal: las necesidades de cada persona de comer, vestirse, acceder a conocimientos, al cuidado de la salud, a una casa… Estas son necesidades humanas básicas que deben estar cubiertas. El drama hoy es que hay muchas personas que no pueden cubrirlas, lo que debería ser prioritario. Esta es una primera dimensión de la economía: cómo satisfacemos las necesidades básicas. Lo que nos dice la sociedad hoy es que la manera de satisfacer estas necesidades es trabajar para ganar dinero, para comprar lo que necesitamos. Esa es una manera, pero no la única. Otra manera es intercambiar servicios y productos, sin dinero por medio, y atendernos unos a otros.

Este primer nivel personal se entrelaza con el segundo, el nivel comunitario. Todos en la comunidad tienen necesidades y es legítimo que todos las cubran. Y las necesidades personales acaban siendo comunes.

Y finalmente está el nivel estructural: como sociedad, existen administraciones encargadas de dar respuesta a las necesidades de todos. También aquí la desgracia es que, estas autoridades, en vez de dar respuesta a las necesidades comunes de la mayoría, legislan a favor de unos pocos que tiene poder para presionar.

¿Cuáles son los puntos más importantes a destacar? ¿Por qué estos?

Como resumen, necesariamente limitado, yo diría:

  • Toda actividad dirigida a satisfacer las necesidades humanas, personales y colectivas, sea remunerada o no, es trabajo. Y por lo tanto economía.
  • La actividad económica debe dirigirse a lograr el bien común y por lo tanto a satisfacer las necesidades básicas de la mayoría antes que las necesidades supérfluas de una minoría.
  • Hay formas de dar respuesta a las necesidades humanas que no necesitan del dinero.
  • Las actividades económicas que contribuyen al bien común deben estar favorecidas desde la administración y las que lo perjudican, penalizadas.

¿En qué se diferencia del planteamiento común de economía? ¿Por qué estos puntos?

Hay un dicho conocido en el ámbito económico que dice: «quien sostenga que es posible un crecimiento ilimitado en un planeta finito es un loco o un economista». La economía al uso está basada en el mito del crecimiento material ilimitado. Y aunque es evidente que eso no es posible, se acepta como mito o dogma de fe. Mi planteamiento -y de otros muchos- es más de sentido común: puesto que no es posible crecer indefinidamente en lo económico, es de justicia repartir mejor los recursos materiales y el trabajo. Es necesario que los que tenemos las necesidades básicas más que cubiertas aceptemos decrecer para que otros puedan satisfacer sus necesidades básicas. Pero esto es algo que choca frontalmente con la cultura y el sistema capitalista en el que vivimos.

¿Planteas objetivos concretos que deberíamos lograr?

Primero un cambio cultural que consiste en comprender que no todas las necesidades las cubrimos con dinero. Podemos intercambiar, dar y recibir gratuitamente, en vez de únicamente comprar con dinero.

  • Aprender a resolver juntos necesidades de consumo. Por ejemplo, hay grupos de consumo, en los que se juntan personas o familias, para comprar directamente a un proveedor de agricultura ecológica. De esta manera se abaratan los costes de distribución y el coste final del producto y es posible que productos ecológicos, que ha costado más producirlos, tengan un precio asequible. Hay bancos de tiempo, donde las personas intercambian los saberes y servicios. Un objetivo es que estas posibilidades se conozcan y se favorezcan.
  • Que desde el nivel político se favorezca una economía del bien común en vez de una economía del bien privado de una minoría. Y esto está en manos de los ciudadanos, por ejemplo a la hora de votar, tener en cuenta qué economía promueven los políticos que se presentan. Y por supuesto, está en manos de los políticos. Pero si los políticos no se ven presionados por los ciudadanos, es difícil que hagan esto. Y es fundamental, es un objetivo, que desde el nivel político se favorezca una economía del bien común y se dificulte las que van en contra.

¿Qué rol tiene el trabajo y las personas que trabajan en tu planteamiento?

El trabajo es una bendición, es algo bueno. Lo necesitamos, como personas, para sostenernos a nosotros mismos, hacer algo útil, de provecho, que me dé un beneficio con el cual poder satisfacer mis necesidades. Lo necesitamos para poder realizarnos como personas, tener la satisfacción de contribuir al bienestar general o de crear belleza, utilizar nuestras capacidades y habilidades. Por eso es tan bonito, tan gratificante, hacer un trabajo con el que estoy contribuyendo al bien de otras personas además de al propio, un trabajo del que puedo decir que “me gusta” y con el que puedo dar lo mejor de mí. Todos tenemos dones. El trabajo es necesario para contribuir a crear un mundo mejor y con más belleza.

El problema que tenemos hoy es que no hay trabajo remunerado para toda la población. El aumento de la productividad con los avances tecnológicos hace que cada vez sea necesario trabajar menos para producir lo mismo o más. Y en vez de repartir el trabajo entre todos los que necesitan trabajar, unos pocos trabajan para producir lo de todos. Si hay poco trabajo, deberíamos ser capaces de trabajar todos algo menos para que puedan trabajar más personas. Algo que los políticos no entienden y los sindicatos tampoco. Están empeñados en que todos tengamos pleno empleo y eso es imposible. Eso sí, si trabajamos menos, ganaremos menos y consumiremos menos, pero se puede ser muy feliz consumiendo menos monetariamente. Porque podemos seguir «consumiendo» relaciones, ocio, belleza, cultura… Eso no cuesta o casi no cuesta dinero.

El trabajo es bueno, pero el trabajo remunerado no da para todos y hay que repartirlo. Por una cuestión de justicia y para un buen funcionamiento de la sociedad.

¿Qué lugar tiene la comunidad local en tu planteamiento?

La comunidad local es muy buena por ser un nivel intermedio, donde nos podemos ayudar, conocernos, intercambiar servicios, organizarnos para resolver juntos necesidades. En las comunidades locales pequeñas: barrios, pueblos, es más fácil esta organización. Es necesario despertar, también en las ciudades grandes, que se pueden organizar por barrios, el sentido de lo local. Sin juntarnos no vamos muy lejos. El nivel personal es importante como consumidores y trabajadores, pero si no nos juntamos con otras personas no vamos a cambiar el mundo. Y eso lo hacemos en el nivel local.

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